El conflicto comenzó a profundizarse durante el partido ante Villarreal, cuando Álvarez recibió silbidos de un sector de las tribunas. El delantero había ingresado en el segundo tiempo y, al finalizar el encuentro, se retiró al vestuario sin participar del tradicional saludo junto a sus compañeros. Diego Simeone explicó posteriormente que esa decisión había sido tomada por el propio club. La situación está relacionada con el deseo que expresó el campeón del mundo de dejar el Atlético durante este mercado de pases. Su principal objetivo era continuar su carrera en Barcelona, pero el club madrileño se negó desde el comienzo a negociar con el conjunto catalán. La tensión aumentó todavía más después de que aparecieran pancartas y mensajes contra el delantero en las inmediaciones de la Ciudad Deportiva, con reclamos para que se concrete su salida. Mientras tanto, la dirigencia del Atlético mantiene una postura firme. El club comunicó que no negociará con Barcelona y aseguró que no existe posibilidad de transferir a Álvarez al conjunto catalán. En paralelo, otras alternativas comenzaron a aparecer. Arsenal es uno de los equipos interesados en el delantero, aunque Álvarez tendría como prioridad jugar en Barcelona. Con el cierre del mercado de pases cada vez más cerca, el futuro de la Araña continúa siendo una de las grandes incógnitas del fútbol europeo. Por ahora, el panorama es complejo: el jugador analiza su futuro, el Atlético insiste en retenerlo y una parte de la hinchada parece haber perdido la paciencia. El próximo capítulo de esta novela podría definirse en los últimos días del mercado.